El sector de la construcción está en plena transformación digital, pero la implementación BIM en el sector público sigue siendo un reto pendiente. Aunque la metodología Building Information Modelling (BIM) se ha consolidado como una herramienta para la modernización de la contratación pública y la gestión eficiente de activos, su adopción en las administraciones aún se enfrenta a obstáculos. El III Berrilan Basque Tech Summit 2025 analizó estos desafíos y propuso soluciones concretas. Superar la resistencia cultural, la falta de competencias específicas y la ausencia de estandarización son solo algunos de los motivos que ralentizan el proceso.
El encuentro reunió a representantes de administraciones públicas, empresas tecnológicas y profesionales del sector AECO con un objetivo común: analizar, desde la experiencia real, qué está frenando la adopción efectiva de BIM y qué soluciones están funcionando. Para ello, el debate se centró menos en la tecnología y más en las personas, los procesos y la gobernanza.
Entre las medidas identificadas para superar estos obstáculos en la implementación BIM en el sector público en España, los participantes destacaron la necesidad de impulsar el liderazgo institucional, impulsar la formación específica por roles y lograr una progresividad que permita consolidar cada fase antes de avanzar.
Los retos del BIM en la administración pública
El informe resultante del encuentro concreta los principales cuellos de botella que frenan la adopción de BIM en el sector público: desde la resistencia al cambio y la falta de talento especializado hasta la fragmentación de procesos y la ausencia de estándares comunes.
Resistencia cultural y falta de liderazgo
Uno de los mayores desafíos es la resistencia al cambio dentro de las administraciones. Muchos funcionarios y técnicos están acostumbrados a metodologías tradicionales basadas en documentos y planos en 2D, y ven el BIM como una imposición tecnológica más que como una herramienta de mejora. Esta falta de liderazgo claro y de un lenguaje común dificulta la colaboración entre equipos y la definición de requisitos realistas.
La consecuencia directa es un desconocimiento generalizado de la metodología. Sin un lenguaje común ni una visión compartida, la colaboración entre departamentos y agentes externos se complica lo que, sumado a la falta de liderazgo, agrava el problema, ya que nadie asume la responsabilidad de impulsar el cambio de forma coherente y sostenida.
Sin una figura clara que asuma el rol de Responsable BIM, las administraciones no pueden definir ni validar los requisitos técnicos necesarios. Esto lleva a pliegos de licitación ambiguos o irreales, que acaban generando más problemas que soluciones.
Déficit de talento y capacidades
Otro de los cuellos de botella es la falta de perfiles con competencias BIM en el sector público. Aunque existen técnicos cualificados, muchos no tienen experiencia en la gestión de proyectos BIM ni en la definición de Requisitos de Información (EIR) o Planes de Ejecución BIM (BEP). Esto dificulta que las administraciones puedan asumir su papel como adjudicadoras y garantizar que los proyectos cumplan con los estándares necesarios.
La consecuencia es clara: sin capacidades internas, las administraciones dependen de consultores externos, lo que puede generar inconsistencias y falta de control sobre los procesos. Además, la ausencia de un Responsable BIM interno dificulta la toma de decisiones y la coordinación entre equipos.
Procesos no optimizados y planificación deficiente
En la misma línea, otro error frecuente consiste en intentar aplicar BIM sin haber identificado previamente qué procesos existen y los que necesitan mejora. Muchas administraciones saltan directamente a la fase de implementación sin un análisis previo de sus flujos de trabajo y sin una estrategia clara de implementación gradual.
Esta falta de progresividad complica la implementación BIM en la administración pública, ya que algunos organismos intentan abordar casos de uso muy complejos desde el primer momento. Quieren implementarlo todo a la vez: modelado 3D, planificación 4D, gestión de costes 5D, simulación energética 6D y análisis del ciclo de vida 7D. Este enfoque de «todo o nada» resulta inviable y genera frustración en los equipos.
Al respecto, el taller subrayó que esta aproximación carece de escalabilidad. Sin una base sólida en casos de uso simples, como la coordinación básica de proyectos o la extracción de mediciones, las implementaciones avanzadas están condenadas al fracaso.
Gobernanza y tecnología fragmentada
La falta de estandarización es otro problema recurrente. Cada organismo define criterios propios de clasificación, nomenclatura y entregables, lo que impide la interoperabilidad y el reaprovechamiento de la información. A nivel tecnológico, la fragmentación de herramientas y el uso de soluciones no alineadas con estándares abiertos, como la ISO 19650, generan dependencia de proveedores concretos. Esto dificulta la federación de modelos y limita la capacidad de control de la administración sobre sus propios datos.
Soluciones para la implementación BIM en el sector público
Frente a estos retos, el taller compartió soluciones prácticas basadas en experiencias reales. La clave no está en correr, sino en avanzar con un método claro y definido.
Impulso a la gobernanza y liderazgo
El primer paso es designar un Responsable BIM dentro de cada administración. Esta figura debería tener la capacidad y autoridad para definir los requisitos técnicos, coordinar los equipos y garantizar que los procesos se ajusten a los estándares. Sin este liderazgo, los proyectos BIM carecen de dirección y coherencia.
Además, es fundamental estandarizar los criterios entre organismos, utilizando guías como la ISO 19650 o el de COBIMCAT (el estándar catalán de implementación BIM) con el objetivo de facilitar la interoperabilidad y evitar la duplicidad de esfuerzos.
Implementación gradual y enfoque práctico
No tiene sentido empezar con casos de uso complejos si no se tiene la madurez necesaria. Lo recomendable es empezar por lo básico: coordinación entre disciplinas, mediciones simples y revisión de diseños. Una vez dominados estos aspectos, se puede avanzar hacia simulaciones más avanzadas o la creación de gemelos digitales.
Integración LEAN y estandarización de procesos
Antes de digitalizar, hay que optimizar los procesos internos. Esto implica aplicar metodologías LEAN para mejorar la eficiencia. Solo entonces tiene sentido incorporar BIM, ya que la tecnología por sí sola no resuelve problemas de mala gestión o falta de coordinación. En este punto, los participantes en el encuentro volvieron a incidir en la relevancia de la estandarización: unificar criterios de clasificación, nomenclatura y entregables entre organismos permite reutilizar información y evitar errores.
Formación estratégica y equilibrada
Para trabajar en un flujo de trabajo BIM, la formación no puede ser genérica. Cada rol dentro de la administración (desde los gestores de contrato hasta los técnicos) necesita capacitación específica en conceptos clave como los Requisitos de Información (EIR), los Planes de Ejecución BIM (BEP) o el uso de un Entorno Común de Datos (CDE).
Además, es importante que la formación incluya no solo aspectos técnicos, sino también gestión de proyectos y colaboración entre equipos. Sin esto, el BIM se convierte en una herramienta más, en lugar de un motor de transformación.
Modernización tecnológica abierta
La tecnología debe ser un medio, no un fin. Las administraciones deben evitar la dependencia de proveedores específicos y optar por soluciones basadas en estándares abiertos. Un ejemplo BIMRocket, la solución de CDE de código abierto impulsada por el Ajuntament de Sant Feliu de Llobregat.
Oportunidades y claves para el éxito de la implementación BIM en el sector público
La implementación BIM en el sector público ofrece beneficios cuando se aborda con una visión estratégica. Permite eliminar tareas repetitivas, mejorar la eficiencia operativa y aumentar la transparencia en la contratación y gestión de proyectos. El paso de una administración basada en documentos a una basada en datos es ya una realidad posible.
Como se puso de manifiesto en el III Berrilan Basque Tech Summit 2025, el éxito depende de cuatro pilares fundamentales: liderazgo claro, estandarización de procesos, formación estratégica y una implementación gradual.
Quienes lo consigan, además de trabajar en un flujo de trabajo BIM más eficiente, mejorarán la transparencia, la trazabilidad y el control del ciclo de vida de los proyectos. Además, sentarán las bases para la integración con otras tecnologías, como el IoT, los gemelos digitales y los sistemas GIS, que serán clave en el futuro de las smart cities.
El mensaje final del encuentro fue claro: BIM no es un fin, sino un medio para modernizar la administración pública. Pero para que funcione, es necesario abandonar la improvisación y adoptar un enfoque estratégico, colaborativo y basado en estándares. Solo así el sector público podrá aprovechar todo el potencial de esta metodología.
Preguntas frecuentes sobre la Implementación BIM en el Sector Público
¿Por qué fracasa a menudo la implementación BIM en la administración pública?
Principalmente por la resistencia cultural al cambio y la falta de liderazgo institucional. Muchos técnicos lo ven como una imposición y, sin un responsable claro que impulse el cambio, los esfuerzos se diluyen y los procesos no se consolidan.
¿Debemos implementar todas las dimensiones del BIM (3D, 4D, 5D…) a la vez?
No, ese enfoque de «todo o nada» suele fallar y frustrar a los equipos. La estrategia recomendada es la progresividad: empezar por casos de uso simples (coordinación y mediciones) y avanzar solo cuando se dominen.
¿Qué es lo primero que se debe hacer antes de comprar software BIM?
Lo primero es optimizar los procesos internos existentes, idealmente aplicando metodologías LEAN. Digitalizar procesos ineficientes o caóticos no resuelve los problemas de gestión; el software solo debe incorporarse una vez definidos los flujos de trabajo.
¿Qué formación necesitan los funcionarios públicos para usar BIM?
La formación no debe ser genérica. Se requiere capacitación específica por roles: los gestores necesitan saber sobre requisitos (EIR) y contratos, mientras que los técnicos necesitan manejo de herramientas y Entornos Comunes de Datos (CDE).
¿Cómo evitamos depender de un solo proveedor de software?
Las administraciones deben exigir entregables en estándares abiertos (como IFC) y alinearse con normas como la ISO 19650. Esto garantiza que los datos sean accesibles e interoperables, evitando el «vendor lock-in» o cautiverio tecnológico.
¿Qué beneficios reales aporta el BIM a la contratación pública?
Aporta transparencia y trazabilidad. Al pasar de documentos a datos, se mejora el control del ciclo de vida del proyecto, se eliminan tareas repetitivas y se definen pliegos de licitación más precisos, evitando sobrecostes derivados de ambigüedades.
¿Cómo se relaciona el BIM con las Smart Cities?
Una implementación BIM sólida y estandarizada sienta las bases para tecnologías futuras. Facilita la integración con el Internet de las Cosas (IoT), sistemas GIS y Gemelos Digitales, herramientas clave para la gestión eficiente de las ciudades inteligentes.


















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