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Construcción

El absentismo en la construcción se duplica en 10 años y ya cuesta más de 3.500 millones de euros

Según un informe de la CNC, roza las 113 horas anuales por asalariado, lo que equivale a prácticamente tres semanas de trabajo por empleado

Poliestireno extruido XPS para aislamiento térmico en construcción

El absentismo laboral en la construcción se ha duplicado en los últimos diez años y ha alcanzado su máximo histórico en España. Una situación que generó un coste de 3.565 millones de euros en 2025, según un informe presentado por la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) que analiza el periodo 2018-2025. La gravedad de estas cifras se entiende mejor al compararla con otras cargas fiscales, ya que el coste del absentismo en la construcción supera lo que pagan las firmas por el Impuesto de Sociedades. Además, este montante representa el 1,7% de la facturación total del sector, lo que reduce los márgenes de beneficio. 

El impacto en la gestión de Recursos Humanos es igual de alarmante y afecta al día a día de las obras. En concreto, las 113 horas perdidas de media por trabajador significan que, de cada 16 empleados contratados, uno no trabaja durante todo el año. Si extrapolamos este dato a nivel nacional, la situación equivale a tener a más de 70.000 asalariados del sector parados pero cobrando su sueldo. 

Evolución y causas del absentismo en la construcción

Los números revelan una tendencia alcista sostenida durante la última década. En 2018, el sector registraba 64,5 horas de absentismo por trabajador y año. Siete años después, esa cifra ha escalado hasta las 112,8 horas, lo que representa un incremento del 75% según el informe de la CNC. 

Esta progresión no se explica por un único factor, sino por una combinación de elementos económicos, demográficos y sanitarios que han confluido para crear la tormenta perfecta. En este sentido, la principal causa del absentismo en la construcción es la Incapacidad Temporal, es decir, las bajas por enfermedad o accidente laboral. 

Según los datos de la Confederación, la incapacidad temporal es responsable del 72% del incremento total registrado en los últimos diez años. Las horas perdidas por este concepto se han disparado un 110% desde 2015, superando con creces el crecimiento de otros tipos de ausencias como permisos retribuidos o licencias. 

Asimismo, el informe de la CNC confirma una correlación directa entre ciclo económico y absentismo. En tiempos de bonanza económica, cuando el PIB crece y la demanda de obra es elevada, el absentismo aumenta. La explicación es la siguiente: cuando el mercado laboral es favorable y el trabajador percibe que su puesto no peligra, disminuye el «presentismo» y aumentan las bajas por dolencias leves que en situaciones de crisis se habrían soportado trabajando. Por el contrario, durante las recesiones económicas, el miedo al despido actúa como inhibidor del absentismo.

Factores sistémicos: salud pública y demografía

El absentismo en la construcción no puede entenderse sin analizar dos factores estructurales ajenos a la voluntad de empresas y trabajadores: el colapso del sistema sanitario público y el envejecimiento de la plantilla. Ambos elementos están actuando como amplificadores del problema. En concreto, los factores que más están incidiendo son:

  • Listas de espera quirúrgicas: El tiempo medio de espera para una intervención es de 126 días, lo que mantiene al trabajador inactivo durante meses.
  • Colapso de especialistas: Conseguir una cita con un médico especialista en el sistema público tarda una media de 105 días.
  • Envejecimiento de la plantilla: La edad media del trabajador de la construcción ha pasado de 38,5 años en 2008 a 45,4 años en 2025.
  • Consecuencias físicas: Una plantilla con mayor edad media en un sector de exigencia física conlleva inevitablemente más patologías musculoesqueléticas y recuperaciones más lentas.

Una reducción de los tiempos de espera en un 30% podría disminuir el absentismo entre un 8% y un 12%.

La consecuencia directa de estos retrasos es que los trabajadores de la construcción permanecen en situación de baja laboral durante meses esperando un diagnóstico definitivo o un tratamiento que les permita reincorporarse. Durante este periodo, según la CNC, las empresas deben asumir el coste de estas bajas prolongadas, que en muchos casos no responden a la gravedad de la lesión sino a la lentitud del sistema sanitario. De hecho, el informe detalla que una reducción de los tiempos de espera en un 30% podría disminuir el absentismo entre un 8% y un 12%.

Costes del absentismo en la construcción: el golpe a la pyme

La Confederación Nacional de la Construcción desglosa el coste total del absentismo en dos categorías: directos e indirectos. Los costes directos, que incluyen nóminas pagadas durante las bajas y las cotizaciones sociales sin contraprestación productiva, ascienden a 633 millones de euros anuales, lo que supone un incremento del 177% desde 2018, reflejando tanto el aumento de horas perdidas como la subida de los salarios medios en el sector.

En cuanto a los costes indirectos, estos son aún más devastadores: 2.932 millones de euros, un 173% más que en 2018. Aquí se incluyen los relacionados con la contratación de sustitutos temporales, la pérdida de productividad durante el periodo de adaptación de los nuevos trabajadores, los retrasos en obra derivados de la ausencia de personal clave, las penalizaciones contractuales por incumplimiento de plazos y el sobrecoste de gestión administrativa. En muchos casos, especialmente en oficios especializados, no es posible encontrar un sustituto inmediato, lo que paraliza actividades completas y genera efectos en cascada sobre la planificación de la obra.

Según el perfil de la compañía, las pequeñas y medianas empresas son las que más sufren esta situación. Según el informe de la CNC, las pymes soportan el 63% del coste total del absentismo, lo que equivale a 2.245 millones de euros. 

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Estas empresas, además, tienen menos margen de maniobra para rotar personal entre distintas obras, menor capacidad financiera para absorber este tipo de costes imprevistos y tienen una mayor dependencia de cada trabajador. La ausencia de un oficial especializado en una pyme puede paralizar completamente una actividad, mientras que en una gran constructora es más factible redistribuir tareas o desplazar personal desde otros proyectos.

El análisis de la CNC también revela que el coste efectivo por hora trabajada ha subido un 17,5% en los últimos diez años debido exclusivamente a las horas pagadas no productivas. Esto significa que las empresas están pagando casi un 18% más por cada hora de trabajo real que obtienen de su plantilla. Las empresas pagan cada vez más por tiempo no trabajado, un sobrecoste que resta competitividad.

Un absentismo que golpea más fuerte que en otros sectores

Para Pedro Fernández Alén, presidente de la CNC, «el absentismo en la construcción puede ser ligeramente inferior al registrado en otros sectores, pero su impacto suele amplificarse por la dependencia de cuadrillas, la secuencia de las obras y el papel estratégico de ciertos oficios, ya que la ausencia de un solo trabajador puede retrasar actividades completas y generar costes adicionales».

Por ello, desde la CNC defienden que el absentismo golpea más duramente a la construcción que a otros sectores con tasas similares. Una obra no es una cadena de montaje donde cada operario realiza una tarea repetitiva e intercambiable. Es una secuencia de actividades interdependientes donde el trabajo del fontanero no puede comenzar hasta que el albañil termine, y el electricista debe esperar a que ambos hayan concluido. La ausencia de un encofrador especializado puede paralizar el hormigonado de una estructura, retrasando todas las actividades posteriores y desplazando el calendario completo de la obra.

“La construcción afronta un desafío de primer orden que exige un análisis riguroso y respuestas coordinadas, tanto desde el ámbito empresarial como desde las administraciones públicas, para contener una dinámica que ya está teniendo un impacto significativo en la actividad y el empleo. Necesitamos un gran pacto nacional que nos involucre a todos, dado que el absentismo afecta a las arcas públicas, a los resultados de las empresas, al sistema sanitario y también a los trabajadores responsables y comprometidos», concluye el presidente de la CNC.


Preguntas frecuentes sobre el absentismo en la construcción

¿Cuánto dinero pierde realmente el sector de la construcción por el absentismo?

El sector pierde 3.565 millones de euros anuales. Para hacernos una idea de la magnitud, esta cifra supera lo que todas las constructoras pagan juntas por el Impuesto de Sociedades. Representa el 1,7% de la facturación total, un lastre financiero que reduce drásticamente los márgenes de beneficio y la capacidad de inversión de las empresas.

¿A qué equivale perder 113 horas anuales por trabajador?

Equivale a que cada empleado deja de trabajar prácticamente tres semanas completas al año. Si lo miramos a escala nacional, el impacto es demoledor: es como si tuviéramos a 70.000 asalariados contratados y cobrando su nómina, pero sin acudir a su puesto de trabajo ni un solo día durante todo el año.

¿Por qué ha aumentado tanto el absentismo en los últimos años?

La causa principal es la Incapacidad Temporal (IT), que se ha disparado un 110% en una década. Esto se debe a una «tormenta perfecta»: una plantilla cada vez más envejecida, propensa a lesiones físicas, combinada con el colapso de la Sanidad Pública, que retrasa diagnósticos y tratamientos, alargando las bajas innecesariamente.

¿Cómo afecta la situación de la Sanidad Pública a las obras?

De forma directa y costosa. Las listas de espera para operaciones (126 días) y especialistas (105 días) provocan que los trabajadores permanezcan de baja meses esperando una simple cita. Las empresas constructoras acaban financiando estos retrasos administrativos del sistema público, asumiendo costes laborales sin producción mientras el trabajador espera ser atendido.

¿Sufren igual las grandes constructoras que las pequeñas empresas?

No, las PYMES sufren mucho más. Las pequeñas empresas soportan el 63% del coste total del absentismo (2.245 millones). A diferencia de una gran constructora, una pequeña empresa de reformas tiene poco margen para rotar personal; si falla el oficial principal, la obra se paraliza, generando pérdidas inmediatas y mala imagen con el cliente.

¿Existe relación entre la economía del país y el absentismo?

Sí. Cuando la economía va bien y el PIB crece, el absentismo aumenta porque se pierde el miedo al despido. En cambio, en épocas de crisis, prima el «presentismo» y las bajas se reducen. Actualmente, la bonanza del sector ha traído consigo este máximo histórico de ausencias.

¿Qué papel juega la edad de los trabajadores en este problema?

Un papel crucial. La edad media del trabajador ha pasado de 38 a 45 años. La construcción es un sector de gran desgaste físico; una plantilla más mayor implica inevitablemente más lesiones musculoesqueléticas y recuperaciones más lentas. Sin relevo generacional joven, las patologías crónicas y las bajas médicas seguirán aumentando.

¿Son todos los costes del absentismo iguales?

No. Se dividen en directos (nóminas y seguridad social), que suponen 633 millones, e indirectos (costes de sustitución y pérdida de producción), que son los más graves, ascendiendo a 2.932 millones. El coste indirecto desorganiza los equipos y provoca retrasos en las entregas de las viviendas o infraestructuras.

¿Se trata de que los trabajadores tienen «poca actitud» o son vagos?

No debemos simplificarlo así. Aunque puede haber casos de abuso, el problema es sistémico. Se trata de fallos en la gestión de la salud, falta de prevención ante el envejecimiento y tiempos de espera médicos inasumibles. Es un problema de gestión sanitaria y demográfica, no solo de compromiso individual del trabajador.

¿Cuál es la solución que propone el sector?

La CNC pide un «Pacto Nacional». No basta con que las empresas paguen; se necesita la implicación del Gobierno y los sindicatos. Las soluciones pasan por agilizar las listas de espera de la Sanidad Pública, mejorar la prevención de riesgos laborales adaptada a mayores de 45 años y gestionar las bajas de forma más eficiente.

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